Muchas pequeñas historias con ribetes futboleros dejó la Guerra de Malvinas, aquella que duró 74 días de 1982 y dejó como herencia 649 argentinos muertos en la lucha contra los ingleses. Por un lado o por el otro, es triste hablar sobre Malvinas, pero muy necesario hacerlo hoy, a 26 años.
El 30 de marzo de 1982, una masiva manifestación en Plazo de Mayo bajo el lema “Paz, pan y trabajo” fue violentamente reprimida por la policía. Era un signo más del aumento del desempleo en Argentina. Esa misma noche el represor y alcohólico Leopoldo Fortunato Galtieri ordenaba la invasión de las Islas Malvinas a través de un plan rústico y precario. La aventura militar le serviría para salvar el futuro de la dictadura militar o poner en jaque al régimen.
Luis Escobedo, Osvaldo De Felippe y Gustavo De Luca comparten una historia similar. Los tres eran jóvenes futbolistas, y de un día para otro tuvieron que dejar sus sueños y emprender el viaje a Malvinas. “Había terminado de sacarme la camiseta de Los Andes en el encuentro previo a lo que iba a ser mi debut en Primera, y me enteré que tenía que ir a las Islas. Me presenté y al día siguiente ya estaba allá. No pude ni avisarles a mis viejos. Aún hoy odio más a los militares que a los ingleses“, recuerda Escobedo, un defensor que además de jugar en Los Andes pasó por Colón, Belgrano y Vélez. “Uno recuerda la incertidumbre por lo que iba a vivir allá. A esa edad éramos un poco inconscientes. Pero cuando regresamos, moralmente estábamos destruidos”, cuenta De Felippe, que jugó en Huracán y fue ayudante de campo de Julio Falcioni. A De Luca, que jugaba en la Reserva de River, le chocó tanto encontrarse luego de 17 años de la guerra con sus ex compañeros que prefiere olvidarse de todo.

El 2 de abril, cuatro días después de aquella protesta en pos de empleo, una multitud eufórica vivaba a Galtieri. Las tropas argentinas habían desembarcado en Puerto Argentino y, cinco días más tarde, el 7, Mario Benjamín Menéndez era nombrado gobernador del archipiélago. Ese mismo día Central Norte, de Salta, le ganaba 1-0 a Mariano Moreno, de Junín, en el inicio de la novena fecha del torneo Nacional del ´82. La pelota seguía rodando y los cantos belicosos no tardarían en llegar a las tribunas. Al día siguiente, lejos, pero cerca, Osvaldo Ardiles enfrentaba con su equipo, Tottenham, a Leicester, de visitante. “La hinchada del Leicester me silbaba y gritaba ’England’ cada vez que yo agarraba la pelota. Pero la del Tottenham replicaba con ’Argentina, Argentina’”, rememoró Ardiles, que en Malvinas perdió a un primo, el aviador militar José Leónidas Ardiles.
Desde la AFA, presidida por Julio Grondona, se tomaron varias iniciativas. El Comité Ejecutivo decidió llamar al Metropolitano ´82 primero como “Malvinas Argentinas” y, luego, como “Soberanía Argentina en las Islas Malvinas”. También desembolsó 100 millones de pesos para el Fondo Patriótico Nacional y los clubes otros 300 millones producto del superávit de 1981. El 26 de abril, Agremiados organizó un partido con los mejores jugadores del momento, con televisación para Malvinas, y lo recaudado, 190 millones, fue también para el Fondo. Dudoso destino si tenemos en cuenta los muchos cargamentos de alimentos que nunca llegaron a las Islas. Algunos que llegaron los mantuvieron en galpones, sólo para los generales. Un ex combatiente contó una vez que su superior elegía el sabor de la mermelada, mientras otros pasaban hambre y un duro frío.
Por su parte, la revista Gente les contaba a los argentinos que “Estamos ganando”. El Gráfico, Goles y Estadio, las tres revistas deportivas que circulaban en aquellos años, se tiñeron con los colores celeste y blanco. Goles, que había cambiado de editores y tenía periodistas muy vinculados con los militares, narraba desde sus páginas “la gesta de Malvinas”. El Gráfico, en tanto, donó mil ejemplares para los soldados del país.
Los días pasaban, las muertes se acumulaban y la derrota argentina era inminente. El ejército inglés estaba mucho mejor provisto, desde uniformes y armas, hasta comida y logística. Al compás de los días de guerra, se acercaba el comienzo del Mundial de España, dónde la Selección Argentina de César Menotti defendería el título. El 13 de junio, en la inauguración, Argentina perdía 1-0 contra Bélgica. Un día después, los generales argentinos firmaban la rendición. Los soldados ingleses tomaban las Islas y tomaban a los soldados argentinos como prisioneros de guerra.
En España, y por orden de los militares, los periodistas argentinos no podían
nombrar al país británico en las transmisiones. “Los rojos esta tarde juegan a la carga”, se escuchaba en el partido entre Inglaterra y Alemania por Radio Rivadavia. Tanto Argentina como Inglaterra fueron eliminadas en segunda ronda. Los argentinos vieron “la revancha” de la guerra en el Mundial ´86, cuando Maradona dejó por el piso a los jugadores ingleses. Los ingleses, cuando le ganaron al seleccionado albiceleste, en el Mundial de 2002, se acordaron de Malvinas. Una rivalidad inmortal.
“Recuerdo perfectamente que a un kilómetro de nuestra trinchera había combates cuerpo a cuerpo, y entre tiro y tiro llegamos a escuchar por la radio el gol de Bélgica. ¡Puteábamos por ir perdiendo!”, describió Marcelo Rosasco, ex combatiente y actual periodista. El fútbol es un elemento trasgresor hasta de situaciones extremas. La Guerra de Malvinas no estuvo al margen.
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El año pasado, en el 25° aniversario de la Guerra de Malvinas, el diario deportivo Olé publicó una nota donde escarbó el rol del fútbol hoy en las Islas, en dónde hay un mundial y un torneo de equipos de tabernas.
Desde las secciones deportivas de los diarios de hoy, dos notas sobre Malvinas salieron. Una pequeña entrevista a Luis Escobedo, en Olé, y otra un poco más extensa a Osvaldo De Felippe, en Página/12, otro ex combatiente y futbolista de aquella época.
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