
“Brasil fue muy mezquino, vino a jugar como un equipo de chico, pero con jugadores grandes. Han perdido grandeza, jugaron al contragolpe descaradamente”, así sintetizó Angel Cappa la victoria de Brasil sobre la Argentina.
En lo personal, me gustan varias de las cosas que propone Cappa y su visión sobre el fútbol, pero no comparto su descalificación hacia la Canarinha y su planteamiento en Rosario. Dunga demostró que, como técnico (y como jugador también seguramente), piensa en los dos arcos y la fortaleza de su combinado nace de atrás hacia adelante. Su Brasil ya tiene ese sello y hace culto del contraataque, algo que no considero un recurso bajo y que incluso su Huracán intentó realizar en la “final” contra Vélez.
Este Brasil dista años luz del juego creativo y con ritmo alegre que lo identificó en el mapa mundial, con el modelo campeón de México ´70 como bandera. Será raro encontrar en el archivo de Dunga un partido en el que su conjunto haya actuado para llenar los ojos de la gente. Pero tampoco son un equipo chico. No andan revoleando pelotas sistemáticamente, usan la pelota parada para lastimar pero su juego no es a base de bochazos aéreos. Usan el balón con prolijidad, especialmente cuando pasa por Kaká. Intentan ser equilibrados, defender como el mejor Italia y rematar como sólo saben hacerlo los atacantes brasileños. Buscan ser infranqueables, sin renunciar al ataque.
No juegan lindo, eso del jogo bonito no va en el diccionario de Dunga. En lo personal, me agrada mucho más ver a España, aunque como perdió la Copa Confederaciones, que Brasil ganó, para algunos pasó a dejar de existir. Prioriza el orden, que todos pasen la línea de la pelota para defender, que las lineas estén apretadas y no se desarmen. También tienen en Julio César un arquero gana partidos, que saca bolas imposibles. Tienen un funcionamiento impecable y lo supieron exprimir contra una Argentina que anunciaba a los cuatro vientos que saldría a comerse a su rival. Aguantaron ese embate inicial y, ahí sí, mordieron, haciendo gala de la efectividad. No digo que hayan brillado en lo estético, digo que funcionaron prácticamente, con inteligencia, sin ser un equipo chico y sin grandes alardes.
No los considero invencibles, ya muchos deben estar tomando nota de su repetitivo plan, para el Mundial. Y no siempre van a tener éxito. Cuando les falte Kaká, van a sufrir horrores, salvo que su reemplazante natural, Diego (que incluso no fue citado para esta fecha de Eliminatorias), juegue bien un partido con la verdeamarelha, algo que inusitadamente hace. Contra Ecuador, por ejemplo, parecieron un cuadro patético ante el incesante peloteó de los de Vizuete; encima no perdieron, gracias al imbatible Julio César, y casi arrancan un triunfo. Creo que tienen para más y podrían lucir mucho mejor. Pero Dunga ya maduró esa idea que empezó a cultivar desde el 2006 y, pese al disentimiento del principio -le gritaban burro y pedían que lo echen-, convenció a la gran mayoría de que no va por mal camino.
Va a ser interesante ver el choque de este Brasil con un master en el contragolpe frente al Chile de Bielsa, que sale a atacar continuamente en cualquier lado, como pregona el Loco. Dunga debe estar frontándose las manos, pensando en que, como local, va a tener enfrente un equipo que va a salir a buscarlo.
¿Qué opinan, piensan que Brasil jugó como equipo chico? ¿Están de acuerdo con Cappa?