
No era un amistoso para hacer pruebas ni para evaluar variantes ante un rival jerárquico como Alemania, como contrariamente se pensaba en la previa. Para Maradona fue un duelo que debía arrojar un resultado positivo, en la última gran prueba antes del Mundial de Sudáfrica 2010. Y así lo interpretó su equipo, para quedarse un 1-0 que esbozó algún síntoma de mejoría en la primera parte y terminó volviendo a provocar cierto desánimo en una segunda etapa jugada a la italiana, con la complicidad de la ausencia de ideas que presentaron los anfitriones, en el Allianz Arena. Lo que Argentina se llevó de Múnich fue una dosis de oxígeno para seguir preparándose, refuerzo anímico, un ejercicio de intensidad superado y la confirmación de que Higuaín, gracias a su gol -maniobra de crack-, tiene que tener su lugar como titular en el Mundial
Argentina tiene su estilo definido, es poco probable que sea otro que éste basado en ponerse en ventaja y, como pregonaría Bilardo, replegarse en su propio campo, cercando al sobrio Romero. Al menos así será frente a un contrario de dimensiones similares. En el primer tiempo se detectaron pequeñas mejorías: se paró bien adelante para presionar al equipo de Löw, no perdió el orden y consiguió trazar algunos bocetos interesantes para atacar, desde el intento de conducción de Verón -alternó buenas y malas-, los estiletazos de un Di María encendido y el despliegue de Jonás Gutiérrez para recorrer toda la banda derecha.
A no exagerar: no se jugó una barbaridad, lejos se estuvo de brillar. Apenas se generaron un par de llegadas pero fueron alrededor de 20 minutos de buenas sensaciones, con respecto a las actuaciones desabridas que se venían padeciendo. Hasta Messi tuvo un par de flashes en los que preocupó cerca del área germana.
Pero esos interesantes instantes de recuperación quedaron estancados cerca de la media hora de juego y se empezaron a evidenciar algunos desajustes en el fondo, especialmente cuando le tocó intervenir a Otamendi desde su lugar como lateral -está claro que no lo es, le cuesta cerrar y tampoco pasa al frente-. Argentina ya no atravesaba su mejor momento del partido cuando apareció el gol de Higuaín. Lúcido pase de Di María ante una zaga desnuda, desprotegida del contraataque, que le dejó al goleador del Real Madrid la tarea de limpiar del camino al apremiado Adler con un auto-toque y definir directo a la red, sin estorbos.
El segundo tiempo se desperdició. Nada de experimentos ni minutos para jugadores como Pastore o Diego Milito. A guardar el 1-0 como si ya se estuviera jugando por los puntos en Sudáfrica, a entregar la pelota, a aislar a Messi e Higuaín a 30 metros del resto del conjunto y a defenderse, con fallas incluidas, de la poca claridad germana. Con la calidad de los atacantes argentinos y la penuria de los subcampeones de Europa, dejar de buscar al dubitativo Adler y no matar el cotejo fue un auténtico derroche.
Löw sí eligió testear nuevos nombres para esta ocasión, caso Müller -radiante aparición juvenil del Bayern Múnich-, Özil -reemplazante creativo de Diego en el Werder Bremen-, Tasci o Boateng. Ballack y Schweinsteiger no funcionaron desde el centro, aportaron poco material productivo. Nada de Klose, solo en ataque, y poco de Podolski, que no terminó de ser ni volante ni delantero. La imagen de Alemania estuvo lejos de intimidar, apenas exigieron al cumplidor Romero con algún centro o un tiro de otro de los examinados, el brasileño Cacau.
Desaparecidos Verón -erosionado por su frágil físico, se fue reemplazado a dos minutos del final por Bolatti-, Messi, el ingresado Tevez -en lugar de Higuaín- y el resto del equipo argentino, se vivió una segunda parte olvidable si de juego estético se trata. La intención de Maradona fue la de terminar de cerrar el partido desde el minuto 46, olvidándose totalmente de la posesión. Incluso con ese repertorio, hubo algunas fallas defensivas. Entraron Burdisso y Clemente Rodríguez -bien para acelerar, mal para defender- por las lesiones de Demichelis y Heinze. Messi volvió a quedarse desenganchado y diluido en la falta de alternativas ofensivas, solo contra el mundo y a 40 metros del arco cuando se encontró con alguna pelota.
Alemania se suma a la lista de los grandes tumbados por la Argentina de Maradona, como Francia y Rusia. No hay más espacio en la agenda para más exámenes de auténtico valor. Algunas leves mejorías que mantienen la esperanza y maquillan la imagen, aunque hay varias refacciones pendientes que el resultado no debería tapar. El triunfo sirvió para ponerle un ladrillo más a la construcción de la identidad del equipo.