Obdulio Jacinto Muiño Varela, el Negro Jefe, o simplemente Obdulio, fue mucho más que un jugador de fútbol. Nació en Montevideo el 20 de septiembre de 1917 y comenzó a ganarse la vida a los 8 años como canillita en pleno centro de Montevideo. Tiempo después este prócer charrúa comentaría: “Los diarios contienen solamente dos cosas que son verdad: el precio y la fecha”. Una frase que pintaba su personalidad. Curtido de mucha inteligencia ajena al estudio -llegó hasta tercer año de primaria-, trabajó como cadete en una mensajería, lo que le posibilitó haber conocido y haberse fotografiado con un tal Carlos Gardel.

Su carrera como futbolista comenzó a los 20 años en el club Montevideo Wanderers; luego pasó a Peñarol, donde permaneció 11 años. Debutó con la Celeste a los 22 septiembres y fue titular durante 15 años, entre 1939 y 1954, y capitán desde el ´41. Jugó 57 partidos con su selección y marcó 9 goles. Se retiró del fútbol en 1955, a los 38 años, jugando curiosamente su último cotejo en Brasil. Es que en Brasil había dejado mudo al país y había escrito un gran capítulo en la historia del fútbol.
Sobre su vida se han narrado cientos de crónicas periodísticas, libros, cuentos y obras de teatro. El súmmum de Obdulio estuvo en aquella jornada del partido final del Mundial 1950 entre Brasil y Uruguay. De aquél Maracanazo del 16 de julio se tejieron miles de palabras.
Momentos antes de comenzar el partido, en el vestuario, uno de los dirigentes que integraba la delegación uruguaya le dijo al grupo: “Perdiendo por cuatro goles estamos cumplidos”. A lo que el reo del Negro Jefe respondió urgido de vehemencia y certeza: “Cumplidos sólo ganando”. Sólo fue un anticipo.
Aquella tarde que empezaría perdiendo 1-0 Uruguay terminó de la manera que Obdulio quería. A través de su voz, garra y empuje desde el centro del mediocampo alistó a sus compañeros para dar vuelta la batalla. Juan Alberto Schiaffino y Alcides Edgardo Ghiggia marcaron los goles, y así Uruguay alzaba su segunda Copa del Mundo. La alzaba en las manos de Obdulio Varela.

La embajada uruguaya en territorio brasileño organizó por la noche un gran festejo. Pero Obdulio, un estandarte de la victoria, decidió no ir ya que dirigentes y autoridades se habían puesto en primer plano. “Una reunión llena de hipocresía y figuración”, recordaría.
Obdulio prefirió salir a deambular por las calles en busca de la nada y se encontró con brasileños tristes y llorando. Entró en un bar a beber y muchos lo reconocieron, y fenómeno extraño para estos tiempos, le brindaron respeto y admiración por el valor y el temple demostrado. Cuentan las lenguas que Obdulio terminó la noche bebiendo con los brasileños y paseándose de bar en bar.
Cada una de sus acciones estaba rodeada de valores de roca. Enemigo de la fama, de espíritu solidario y austero durante toda su vida, fue amante de aquellos trofeos sin decoro que el camino iba dejando.
Luego del Mundial la falta de dinero fue una constante en su vida. Los dirigentes no lo valoraban. Se habían otorgado medallas de oro ellos mismos y a los jugadores medallas de plata y un monto de dinero escaso. Con ese dinero Obdulio pudo comprarse un Ford modelo ´31 que le fue robado una semana después. Una vez más la ayuda partiría de los vecinos y de su grupo de amigos.
En febrero de 1994, la Confederación Sudamérica de Fútbol le entregó la Medalla de la Orden al Mérito del Fútbol Sudamericano. La Orden al Mérito de FIFA se la dieron durante el Mundial de Estados Unidos del mismo año.

El 2 de junio de 1996, con 78 años, el 5 charrúa de aquel Maracanazo de 1950 dejó este lado del mundo. La fuerza indomable y el corazón gigante sucumbieron para siempre. Obdulio Jacinto Muiño Varela, el Negro Jefe, o simplemente Obdulio, fue mucho más que un jugador de fútbol.
Relacionado: Osvaldo Soriano y Eduardo Galeano, dos notables escritores, se refirieron a Obdulio, ese morocho que despertó tanto amor y admiración desde el centro de la cancha.
# Obdulio Varela, el reposo del centrojás, de Osvaldo Soriano, Artistas, locos y criminales, Bruguera, 1983.
# Obdulio, de Eduardo Galeano, El fútbol a sol y sombra, Buenos Aires, Catálogos, 1995.