22
Nov
Cabezas de tacho
por diego
Mientras el mundo del fútbol apunta a las vidas de Ramón y Román, otras historias (muchas de ellas increÃbles) siguen sucediendo en nuestro paÃs. Tal es el caso de Luciano Leguizamón, jugador del Lobo platense que hace un tiempo estuvo en boca de todos por cambiar en el entretiempo del clásico de esa ciudad la camiseta con Juan Sebastián Verón.
Todos nos preguntamos: ¿no podrÃa haber esperado para cambiar las casacas en el túnel hacia los vestuarios para comerse algunas puteadas menos? Es entendible la reacción del público simpatizante de Gimnasia, insultos, más insultos, y muchÃsimos más insultos. Digo que es entendible porque ellos (mejor digamos la mayorÃa para no caer en el error común de la generalización) son fanáticos y cuando entran a una cancha pierden la virtud de razonar (ojo, no sólo los hinchas de Gimnasia, sino de todos los equipos).
Pero ahora que los dirigentes entren en el juego de los hinchas y suspendan al jugador es otra historia. Quizás ellos tomaron esa medida para tapar todo el manejo turbio que tuvieron y tienen con la institución, o quizá para lavarse las manos y no aguantar la presión de la gente. Pero en épocas que todos intentamos erradicar la violencia en el fútbol, esa decisión es muy criticable. En un principio recibió la sanción de un partido, no fue convocado. Hoy en dÃa en La Plata se corre el rumor que el delantero no formarÃa parte del plantel el año que viene y le estarÃan buscando nuevo club. Cabe destacar que el pase de Leguizamón lo compró el Lobo sólo hace algunos meses.
De estos casos está lleno el fútbol, una pequeña mancha más para él. Los dirigentes, los primeros quienes deberÃan dar el ejemplo, se siguen equivocando. Un paso atrás para el fútbol argentino.














