Tal vez inspirados en los dictadores europeos Franco, Mussolini o Hitler, los tiranos argentinos que tomaron el poder el 24 de marzo de 1976, hace hoy 32 años, encontraron en el fútbol a un amigo con el cuál tirar paredes. Más allá de la realización del Mundial en 1978, fue desde el arranque que la Junta Militar conformada por Jorge Rafael Videla, jefe del Ejército, Emilio Eduardo Massera, de la Armada, y Orlando Ramón Agosti, de la Fuerza Aérea, vio en el fútbol un foco de distracción para los habitantes de Argentina.
“Queda exceptuada de la transmisión por cadena nacional la propalación programada para el día de la fecha del partido de fútbol que sostendrán las selecciones de la Argentina y Polonia”. Así, la Junta marcaba en el comunicado número 23 que para alegría de todos el partido de la Selección se iba a transmitir por Canal 7, con los relatos de Fernando Niembro. En el país se habían suspendido el Congreso, los partidos políticos, los espectáculos públicos, la habitual grilla de los canales de televisión y las tiras radiales, y se transmitían en cadena marchas militares, proclamas y comunicados de la Junta.
En tanto, en Polonia, en la ciudad de Chorzów, de la Europa Comunista del Este, el equipo de César Luis Menotti se disponía a jugar contra los locales en una gira preparatoria para el Mundial. El partido lo ganó Argentina 2-1, con goles de René Houseman y Héctor Scotta. A 13.000 kilómetros de allí, en Argentina, comenzaban los primeros puntazos del terrorismo de Estado. Se sucedieron detenciones en fábricas, sindicatos y escuelas. Con el tiempo, la decisión de jugar ese partido se puso en discusión. Las versiones de los jugadores son contradictorias. Algunos dicen que se enteraron antes del partido del golpe, otros después. El encargado de dar la noticia fue el relator José María Muñoz, que oportuno cómo se caracterizaba, aclaró: “Por suerte no hay que lamentar desgracias personales o derramamiento de sangre”. Al día siguiente los medios exaltaron la actuación del equipo. “La mayor hazaña de la historia (de la Selección) en el exterior”, titularon.
Ese mismo 24 de marzo de 1976, se ratificó ante el mundo la realización del undécimo Campeonato Mundial de Fútbol en el país, con el apoyo de la FIFA, en manos del brasileño João Havelange. La cifra de gastos inicial rondaba en 70 millones de dólares. Finalmente, más de 700 millones se despilfarraron y guardaron en ciertos bolsillos. Uno de los principales responsables de esto fue el marino Carlos Lacoste, el hombre que manejó el poder y los negocios en el fútbol durante la dictadura, tanto es así que fue el vicepresidente del Ente Autárquico Mundial ´78 (EAM ´78, un organismo preparado para la organización del torneo). Era Lacoste el que dictaba y ejecutaba las órdenes.

El fútbol fue funcional a la dictadura. Hoy quedan hechos puntuales alrededor del terror. El 6-0 a Perú en el Mundial, los secuestros y las desapariciones de los deportistas y, más actual que nunca, la inclusión a la AFA como presidente de Julio Humberto Grondona por parte de Lacoste, en 1979.
El 23 de abril de 1976, casi al mes del golpe, un grupo de tareas se llevó una vida más, la de Norberto Julio Morresi, 17 años, hermano de Claudio, ex futbolística de River y Huracán y hoy Secretario de Deporte de la Nación. Fue el mismo Claudio Morresi quién escribió lo siguiente: “En el estadio vacío el partido está por comenzar. Los jugadores empiezan a sentir cómo baja de las tribunas desiertas el aliento de las hinchadas. Son 30 mil voces que no paran de alentar”. Hay dos palabras que no por ser citadas muchas veces pierden valor. Simplemente, Nunca Más.
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