
Coronación de una temporada inolvidable, sólo comparable a la 1998/99, el Manchester United tuvo el dominio en el primer tiempo, la fuerza para aguantar el envión del Chelsea en el segundo y la dosis de suerte que se necesita en la tanda de penales para consagrarse como el nuevo amo del continente europeo. Chelsea recordará que estuvo cerca de llegar a la meta, que dentro de los 120 minutos de juego estrelló dos pelotas en los palos, casi lo dio vuelta en el segundo acto y tuvo la oportunidad de matar en los penales, pero falló, y le toca quedarse con un segundo puesto digno y amargo, al mismo tiempo.
El partido estuvo repartido entre los dos colosos ingleses. La primera parte le perteneció al
Manchester United. Dominaba el terreno de juego, tenía la iniciativa y trasladaba la pelota hasta el área rival. El Chelsea le regalaba varios metros, con Drogba parado en soledad en la delantera, esperando la ocasión de contragolpear y morder en un golpe de contra veloz para sorprender.
A los 25 minutos apareció la figura de Cristiano Ronaldo en el aire para conectar un fuerte cabezazo y marcar la apertura de la gran final, mandando un mensaje a los que dicen que no es un jugador para las citas importantes. Después del tanto, los blues se vieron obligados a dejar su posición tan retrasada para salir a encontrar el empate.
Empezó a aparecer Lampard para sacar al equipo a flote junto con Ballack, con un cabezazo a quemarropa que Van der Sar sacó. Acto seguido, fue Cech quien se lució para tapar un cabezazo de Tévez y un disparo de Carrick, que pudieron haber liquidado la final.
El partido se abrió y Carlitos, de más esfuerzo destructivo que de juego, estuvo a centímetros de empujar un centro rasante de Rooney para marcar el segundo. Las dos escuadras se mandaban a buscar convertir, dejando de lado el cerrojo del inicio. Faltaba poco para el final del primer tiempo y cayó el gol de Lampard, con fortuna tras un tiro de Essien que rebotó en dos jugadores y con un resbalón del arquero holandés en la jugada. Balde de agua fría para los devils. Terminó mejor el conjunto de Stamford Bridge y continuaría creciendo en el resto del encuentro.
Chelsea, con mucha confianza y empuje anímico, como consecuencia del gol conseguido, se hizo dueño del segundo tiempo, obligando al Manchester a retroceder varios metros. Primero Drogba y después Lampard, en tiempo suplementario, golpearon los postes con sus tiros. Aguantó el equipo de Ferguson y respiró más cuando el punta marfileño se fue expulsado, luego de cachetear a Vidic en medio de una discusión. Alivio para los de Old Trafford, la larga discusión también ayudó para enfriar las intenciones de los dirigidos por Grant.
No se sacaron ventajas en el tiempo extra y llegó la hora de definir mediante los penales. El recuerdo de la Community Shield del año pasado, cuando Manchester le ganó 3-0 al Chelsea por lanzamientos desde los doce pasos, no favorecía a los londinenses.
La historia se repitió, aunque con más suspenso por la ejecución fallada por Cristiano Ronaldo (muy bien Cech, que no se movió ante el freno del de Madeira). La lluvia de críticas se preparaba para caerle al 7, pero Terry, de un soporte físico inmenso para jugar en las condiciones que lo hizo, erró el tiro que podía darle al club que capitanea su primera Champions y después Van der Sar se vistió de héroe para sacarle el último tiro a Anelka y finiquitar la final en el Luzhniki.
El club de Abramovich perdió la oportunidad de alcanzar por primera vez la orejona; Ferguson logró ganar su segunda Champions League y darle al Manchester United la tercera conquista de su historia. El Chelsea no tiene nada que reprocharse, dio todo su esfuerzo y si lo ganaba en la segunda parte no había ninguna objeción por hacer. La alegría es para Tévez, encargado de asegurar el primer penal, y compañía. Amos totales de Inglaterra y ahora también de Europa.
