
Aráoz y la verdad, su nuevo libro, tendrá al fútbol como nexo en sus páginas.
Su debut triunfal fue con la literatura futbolera, esa que ahora le provoca una identificación instantánea. Con la pelota como pretexto, habla de la vida, del fútbol, de los medios de comunicación, y de las historias mínimas de un profesor de Historia que halló otras vías de expresión y enseñanza.
- ¿Este es tu bar El Cairo?
- Sí… -chista sonriente, humilde, y algo incómodo-, pero un poquito más chico y modesto, con música baja y poco alboroto.
La pregunta cae al compás de los cuerpos en una mesa cercana a la barra del Café de la Plaza, en la tarde de Ituzaingó. Pero ella encierra una puntita, una señal. Un guiño. Citar al mítico El Cairo, es viajar con la memoria a Rosario. Es retratar al Negro Fontanarrosa y su lugar en el mundo. A Eduardo Sacheri, escritor, profesor de Historia, guionista por un rato, hincha de Independiente desde siempre, padre y niño fugaz, no le gusta encasillar a las personas. Pero sabe que su boom -palabra asociada a las letras-, su salto a la primera división -un término futbolero-, fue con una pelota en los pies. O en las manos. “Prefiero que me reconozcan como un escritor que tiene cuentos que tienen que ver con el fútbol. Evitar esa etiqueta directa de Sacheri igual a cuentos de fútbol”, dice.
Eduardo Alfredo Sacheri, 40 años, tiene una visión atrapante a la hora de contemplar visiones sobre la vida y el fútbol. Sus obras entraron al público por los oídos, cuando en 1996 en Todo con Afecto, el programa radial del periodista Alejandro Apo, empezaron a leerse los cuentos que un anónimo más dejaba en un sobre en la puerta de la radio. Hoy, con seis libros en el lomo, otro es el cantar. Trabaja junto al director Juan José Campanella en el guión del film La pregunta de sus ojos, basado en la novela del propio Sacheri editada en 2005. La productora Argentina Cine tiene en carpeta un largometraje con cinco de sus cuentos, entre los que se destacan Esperándolo a Tito, Lo raro empezó después y Los traidores. Será una película de historias entrelazadas. Además, acaba de publicar Aráoz y la verdad, una novela donde el protagonista, Aráoz, busca descubrir la traición de un ex jugador ídolo de su infancia. Y, entonces, el fútbol pegará una nueva vuelta por sus libros.
Sacheri, café con leche de por medio, reflexiona con la cara interna de la cabeza y busca las palabras mejor ubicadas para darles el pase, entre los chiflidos de fondo de una antigua cafetera.
- El fútbol habilita bastantes universos. ¿Qué es el fútbol para vos, desde tu oficio, desde tu vida?
- El fútbol es una de las cosas que más me gustan de la vida. Sobre todo jugarlo. Me gusta verlo, porque me gusta jugarlo. Mi entrada en el fútbol espectáculo o fútbol literatura tiene que ver con que siempre me gustó jugarlo. Con otros deportes que no he jugado no puedo meterme, porque no los he jugado. Todos los que hemos jugado al fútbol entendemos de que se trata, aunque los tipos que están en una cancha valgan millones de mangos y se estén jugando cosas supuestamente muy importantes.
-Partiste de una ciencia y te volcaste a la literatura. ¿Te hace algo diferente a los demás escritores que, por decir, nacen escritores?
- Son dos universos bastantes separados en mi. Cuando yo estudiaba no tenía la menor intención de ser escritor. En todo caso me imaginaba investigando y publicando para un pequeñísimo grupo de científicos de mi disciplina. Lo que pasa es que siempre me gustó leer ficción, leer novelas, leer cuentos. Y en determinado momento, en mis veintitantos, me empezó a gustar, o quise ver escritas historias que no veía escritas por otros. No por una cuestión de pedantería.
- Y ahí apareció el fútbol.
- El fútbol es muy constitutivo en los tipos que son como yo. Así como mis personajes muchas veces viajan en el ferrocarril Sarmiento, les gusta el fútbol o juegan o lo han jugado. No es que yo haya escrito sólo sobre fútbol. Lo que sí ocurre es que esos cuentos tocaron alguna clave especial de la gente, que ni siquiera yo alcanzo a entender porqué con esa hondura, y lograron una difusión impresionante. Es como que eso va adelante de las otras cosas que hago. En el sentido de decir Sacheri igual a cuentos de fútbol.
- ¿Te molesta eso?
- Si digo rápidamente que sí, me molestaría, me sentiría un ingrato. En definitiva ahora puedo vivir casi de ser escritor. Y todo ese primer espaldarazo me lo dio el fútbol. Prefiero que me reconozcan como un escritor que tiene cuentos que tienen que ver con el fútbol. Evitar esa etiqueta directa de Sacheri igual a cuentos de fútbol, porque tengo otros cuentos de otros temas que son tan buenos o tan malos como los de fútbol. Soy el mismo escribiéndolos. En general me molestan las etiquetas. Me parece empobrecer la cosa. Fontanarrosa es un excelente escritor. No de cuentos de fútbol, es un excelente escritor. Algunos cuentos de Fontanarrosa son excelentes cuentos de fútbol, pero tiene algunos cuentos parodiando a héroes históricos o algunos cuentos del habitante medio rosarino con un sarcasmo, una ironía y un registro, que son obras de arte. No de fútbol.
Para un importante número de historiadores, periodistas e investigadores, el fútbol, como representación popular por excelencia, no está en los libros. En sí, existe un vacío con las imágenes cotidianas. En este marco, el porteño criado en Castelar, aporta lo suyo desde la imaginación.
“Me encanta escribir historias de gente como uno -destaca-, tratando de encontrar lo extraordinario que hay en esa gente común. Es una determinada mirada estética. Creo que el arte está ahí. En la vida de cualquiera de nosotros. En las aristas extraordinarias que tienen nuestras vidas ordinarias. Y está en el fútbol como en el tipo que se enamora de una mina en un café. Al fútbol lo entiendo como una vertiente genuina para escribir. No es lo mismo que soy un fanático de fútbol, consumo 26 horas de fútbol por día en todos los formatos, y en ese registro trato de meter cuentos”.
- Entonces, ¿cuál es el rol de los medios masivos de comunicación en el espectro del fútbol?
- El mensaje dominante es el fútbol es todo. La mayoría de los medios tiene una cosa muy empobrecedora, muy esquemática, de laburar con blanco o negro, amargo o alegre, ustedes o nosotros. “El fútbol es pasión”, dicen. Al Negro Dolina lo escuché una vez tomarse de esta frase: “Si todo es pasión, al final, nada es pasión”. Si vos mirás las tapas de los diarios, realmente parece que el fútbol es lo más importante. En ese sentido los medios intuyen sensaciones en la gente y en lugar de construir un mensaje, navegan en esa comodidad y la potencian. Cómo el tema es vender… A lo mejor se llega a un punto de saturación. Pero parece no llegar nunca. Todos hablando de lo mismo. Y yo no sé si el fútbol da para tanto. Lo terminamos bastardeando. No son capaces de mirar lo que los propios medios construyen como valor. Si vos perdés, no existís. Por supuesto que hay opiniones diferentes, pero son minoritarias. Me embola perder, pero no me muero porque pierdo. Yo sé la diferencia entre perder y morir. Muchos medios parecen que no la supieran.
Eduardo Sacheri habla simple y firme. Y más si recuerda su infancia, feliz y barrial, como muchas, pero atravesada de fuertes sacudones, también como muchas. La caricia de su viejo que ya no está, los escalones de la tribuna, la escenografía y el resultado, le brotan de memoria cuando comenta de un tirón el día imborrable de la primera vez que fue a una cancha, a la de Deportivo Morón, a cuadras de sus calles de la niñez. “Ese cristal de la infancia, donde los veranos eran de club y todo el año de vereda”, poetiza.
Pero Sacheri creó una jugada mágica para volver a ser pibe, por lo menos por un ratito, y entre amigos.
Ahí -afirma-, en la cancha, es donde sos vos. Yo no sé si confiarle afuera de la cancha a tipos que adentro no te pasan la pelota, a mí me cuesta. O a tipos que nunca meten la pierna para ayudarte, que nunca bajan. Es todo un tema de debate. Por esta cosa que cuando jugás sos vos despojado de todo lo que querés mostrar. Volvés a tener 12 años”.